Inicios

Mi historia como escritora podría contarse como la de muchos aprendices en el arte de narrar: Nací en el revolucionario mes de mayo del 68, en Balaguer, una pequeña ciudad de la província de Lleida.

De madre vallisoletana y padre leridano y oriundo de una tierra de payeses, ganaderos y pequeños comerciantes,mi infancia y juventud transcurrieron de manera tranquila y ordenada, si con esto se entiende disfrutar de las pequeñas peleas y reencuentros con Maite, mi hermana.

Con la mayoría de edad llegó uno de los momentos cruciales de la vida de una joven que se pregunta: ¿Ester, has acertado al tomar la decisión de estudiar Biología en Barcelona?

Los estudios de carrera en la Universitat Autònoma de Barcelona, aunque inacabados, supusieron la primera ruptura emocional con la futura vida laboral que había imaginado.

De vuelta a Balaguer y tras haber cursado la diplomatura de Analista de Laboratorio, mi vida se centraba en formar una familia y acceder a la función pública.

Punto de inflexión

El punto de inflexión que supuso la ruptura y desaparición de la Ester de siempre y el nacimiento de una nueva mujer con ideas, sensaciones y realidades nuevas surgió con el diagnóstico de Esclerosis Múltiple en el parto de mi hija Ariadna, el 4 de Abril de 1999.

El futuro imaginado se truncó y la no aceptación de la enfermedad, junto a la depresión, rabia y dolor hicieron que mi existencia se asemejara durante 14 años, al prisionero del mito de la caverna de Platón, con la diferencia que Ariadna, que se daba cuenta que a su madre le ocurría algo, me inculcó la idea de que la lectura era una afición fantástica.

Y así fue. Con la lectura de Mandrágora (Hanns Heinz Ewers) nació la escritora y lectora. A Heinz le han seguido multitud de autores, de diferentes épocas, estilos y corrientes: Shakespeare, Cervantes, Borges, Proust, Sábato, Cercas, Nietzsche, Zweig, Stocker, Coelho, Martín Molina, Kafka, Calvino…y un largo etcétera.

De entre todos, Tolstoi y Zola marcan la diferencia ya que, aunque con diferencias notables de redacción y estilo ( realismo y naturalismo), la fuerza del primero se compensa perfectamente con la dulzura del segundo. Precisamente es lo que busco en la literatura, que me rebele, que me haga odiar, amar, estremecer, llorar, reir…Una obra literaria que no me aporte sensaciones o, sencillamente, que no me haga reflexionar, no merece mi atención.

Con Roberto Bolaño mantengo una relación de amor-odio especial. Tras la lectura de El espíritu de la ciencia-ficción, vivo la historia de Remo o Jan como propia: escritora que desea que la literatura sea el sustento del alma y del cuerpo. Ya lo es de la primera y se me antoja una utopía en el segundo.

Y, ¿qué decirle al monstruo que me mató como la que era y que me ha resucitado como la escritora que vive para narrar y hacer que la lean…?